
Una de las conversaciones más importantes que van a tener como equipo fundador no es sobre el producto, ni sobre el cliente, ni sobre el modelo de negocio. Es sobre quién se queda con qué porcentaje de la empresa. Cuanto antes conversen expectativas sobre este tema, mejor, pero no es necesariamente un tema de la primera conversación.
¿Qué es el "equity" y por qué importa tanto?
El equity son las participaciones de la empresa, el capital, que generalmente se divide dando la propiedad compartida a los socios. Se suele comparar con una torta que se puede dividir, y aunque las porciones son fijas en porcentaje, su valor puede crecer conforme la empresa tiene éxito.
Muchos negocios, startups o empresas fracasan por problemas entre los socios, y en muchos casos eso se debe a que no establecen reglas claras para asignar el capital.
¿Partes iguales o no?
Hay dos grandes formas de pensar en esto. Algunas aceleradoras de startups famosas recomiendan que todos los cofundadores tengan el mismo porcentaje de equity. Otros especialistas, en cambio, advierten que el 50/50 puede ser problemático.
Un reparto igualitario siempre suena más justo, pero podría ser el origen de situaciones de bloqueo por desacuerdos entre socios que terminan parando la toma de decisiones. Las participaciones junto al número de socios deberían generar la posibilidad de "desempate" (idealmente, el que desempata debería ser quién lidera).
¿Qué factores hay que considerar?
No hay fórmula mágica, pero sí variables que no podés ignorar:
- Rol y responsabilidad: quienes más responsabilidad asumen más participación deben tener (ejemplo: liderar el proyecto, liderar área de tecnología en una startup tecnológica, etc).
- Riesgo asumido: ¿qué riesgo asume cada uno en el proyecto? Quienes más riesgo asumen, más participación deberían tener.
- Capital aportado: el capital aportado es la materialización de un riesgo asumido; quienes aporten más capital deberían tener más participación.
- Contribuciones futuras: aunque son difíciles de anticipar, la mayor parte de las contribuciones de cada fundador sucederán en el futuro.
El vesting: la herramienta que más conflictos evita
El vesting es un mecanismo de protección para garantizar la permanencia de los socios fundadores, logrando un compromiso de continuidad. La adquisición de participaciones queda condicionada a que se cumplan plazos de permanencia en la empresa. En la práctica, significa que si un socio se va, no se lleva todo su porcentaje: solo lo que "devengó" hasta ese momento.
La práctica estándar, popularizada desde Silicon Valley, es fijar el vesting en 4 años con un año de carencia (cliff). Esto significa que cumplido el primer año, el socio efectiviza el 25% de sus participación, y consolida el resto mes a mes durante los 3 años siguientes. Si se va antes de cumplir un año con el proyecto, no tiene ninguna participación efectiva en el capital.
El pacto de socios: pónganlo por escrito
El reparto de equity y de responsabilidades no vale nada si no está formalizado. Las reglas del juego tienen que quedar claras desde el principio: si hay algún socio que tiene que salir, es mejor que sea al inicio y de manera amistosa que cuando el negocio toma velocidad y su salida puede ser extremadamente traumática.
El pacto de socios es el documento donde se establecen los porcentajes, los mecanismos de vesting, las condiciones de salida, y cómo se toman las decisiones. No es un trámite burocrático: es lo que protege a todos cuando las cosas se complican.
La buena noticia: tener esta conversación antes de empezar es señal de un equipo maduro. Y en Formar Equipo, el objetivo es justamente que puedas encontrar a los socios con quienes valga la pena tenerla.